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Un poco mas sobre el concepto de consciencia

Un poco mas sobre el concepto de consciencia

La publicación acerca de la conciencia, despertó opiniones para todos los gustos. Es necesario abundar sobre este tema con objeto de que no haya ninguna duda acerca de la experiencia humana, en la que se sostiene la definición científica de conciencia, tal como la hemos asimilado las personas que somos responsables de las publicaciones del Laberinto de la Verdad.

Hemos dicho que la conciencia cuando existe permanece en estado de evolución constante y, si no es así, significa que no existe. En nuestra opinión es imprescindible asociar la conciencia a la evolución e incluso a la involución. Si no se hace este ejercicio resulta imposible comprender nada menos que el elemento esencial de la condición humana.

De acuerdo con nuestra experiencia existe un momento de la vida en que tiene lugar una sacudida que lleva al sujeto a percibir un destello del mundo real que se esconde detrás del mundo aparente. Este momento de la vida puede contemplarse como la acción de despertar, por un instante, del estado del sueño psíquico en que permanece sumida la mente de la mayoría de seres humanos. Debemos asimilar este instante con el fenómeno al que llamamos despertar de la mente o despertar de la conciencia.

Pondremos un ejemplo para que pueda comprenderse lo que queremos explicar. Sucede que un buen día los medios de comunicación, de un determinado país, anuncian la desaparición de un niño. A partir de este día el país entero se mantiene en vilo por este hecho hasta que aparece el cadáver del niño y se descubre el supuesto asesino.

En medio de la secuencia de noticias, que presiden los informativos de las cadenas de televisión, hay una minoría de personas que se preguntan porque razón la desaparición de un determinado niño da lugar a un espectáculo mediático, que tiene en vilo a un país entero, mientras se mantiene una conspiración de silencio ante la desaparición de otras criaturas lo cual es un tema espantoso que sucede en todas las ciudades del mundo un mes tras otro.

En el ejemplo que hemos puesto sucede que la minoría de personas, que se percatan de la contradicción, tiene la posibilidad de adquirir información acerca del tema espantoso de la desaparición de niños que no vuelven a aparecer sobre la faz de la Tierra. Por medio de esta información, que aparece raramente en los medios de comunicación, estas personas pueden contemplar, por un instante, el mundo real que se esconde detrás del mundo convencional que tenemos a la vista.

Algunas de estas personas tendrán la posibilidad de entrar en contacto con las asociaciones de familiares y amigos de personas desaparecidas y percatarse de la dimensión de un drama, de proporciones inesperadas que afecta a miles de familias de todos los países, pero que tiene carácter casi clandestino.

Es un hecho comprobable que hace diez años podían contemplarse, en los vestíbulos de los cuarteles de la policía y de algunos ayuntamientos, unas grandes láminas que contenían varios centenares de fotos de niños y adultos desaparecidos. Estas láminas, editadas por las asociaciones de familiares y amigos de personas desaparecidas, siguen existiendo, pero resulta muy difícil contemplar alguna de ellas ni siquiera en los cuarteles de la policía.

Por último ha sucedido que se ha extendido por diversas páginas de Internet la tesis de que los agentes que se ocupan de secuestrar seres humanos son nada menos que los extra-terrestres. Esta tesis puede alcanzar cotas de delirio tan elevado que ponen la piel de gallina a cualquier persona que mantenga la mente cuerda.

Debemos tratar de explicar porque sucede un hecho tan aberrante como el que acabamos de examinar.

Hay que recordar que las materias que se enseñan en las universidades y tienen el nombre de psicología, sociología, politología, econometría, etc., se mueven en el ámbito de la mente cien por cien sumida en el estado del sueño psíquico. Esto sucede por el hecho de que la filosofía racionalista tiene carácter totalitario en el mundo académico y por el hecho de que las reglas de la estadística dan lugar a somníferos que son extremadamente potentes en la medida que funcionan razonablemente bien en la mayoría de escenarios propios del mundo convencional.

Este fenómeno tiene carácter catastrófico sobre el pensamiento académico que jamás puede ir más allá del ámbito de la mente dormida y, cuando lo hace, da lugar a una acción que sólo puede contemplarse como una extravagancia transitoria o un grave delirio.

Hay que reconocer que, en el marco de la filosofía racionalista, los destellos de conciencia sólo pueden ser contemplados como extravagancias intelectuales o delirios que revelan una determinada patología psíquica. Este hecho tiene un carácter tan monstruoso que hasta parece mentira que sea verdad.

Existe una paradoja que conviene explicar. Resulta que, mientras la filosofía racionalista tienen carácter totalitario en las escuelas de negocios al igual que en el resto de mundo académico, hay algunos profesores, más hábiles que otros, que demuestran que no tienen la mente cien por cien dormida. Estos profesionales han hallado un canal con el mundo de la oscuridad que les funciona muy bien a la hora de ganar dinero como hábiles consultores en los ámbitos del marketing de gran consumo y la gestión de fondos en los mercados de valores y deuda soberana.

Los profesionales de los que estamos hablando son expertos en la tarea de desarrollar modelos matemáticos que se asientan en la conducta de los colectivos humanos que se comportan como rebaños de borregos. Los rebaños siempre son previsibles de acuerdo con las leyes de la estadística. El operador matemático permite ganar más o menos dinero mientras estas leyes funcionan de forma implacable, pero, cuando tiene lugar el sobresalto de carácter excepcional, el modelo matemático cede la plaza a la información privilegiada que hace posible ganar mucho dinero por medio de dos jornadas bursátiles consecutivas lo cual permite dar la razón al proverbio de la escuela sagrada de China que afirma que en la excepción puede haber más conocimiento que en la regla.

La filosofía racionalista confunde la conciencia con la cognición acerca de la realidad convencional que tenemos a la vista. Ésta es la razón de que existan los términos que reciben el nombre de inconsciente, subconsciente, supraconsciente, etc.

Es imprescindible distinguir la cognición acerca del mundo convencional que tenemos a la vista y la conciencia del mundo real que se esconde tras él. Hay que ser capaces de aceptar que la conciencia no existe al margen de este mundo real que constituye un misterio que no entrega sus secretos con facilidad.

Debemos reconocer que este descubrimiento resulte humillante a los intelectuales que han dedicado la vida entera a procesar ideas que forman parte del mundo convencional. Este hecho evidente hace pensar que el proceso de cambio de paradigma deberá llevarse a cabo a lo largo del transcurso de una o dos generaciones. Si se hace otra hipótesis, menos paciente, se llega a la conclusión de que el trauma resultará insoportable a la mayoría de la sociedad.

Los términos  inconsciente, subconsciente, supraconsciente, etc., no expresan hechos reales en la medida que surgen de la confusión del concepto de la conciencia con el concepto de la cognición. Lo cierto es que el ser humano ordinario no posee el don de la conciencia de forma permanente y sólo tiene acceso a destellos de la misma que se manifiestan en momentos especiales de la vida. Por esta razón no puede poseer inconsciente, ni subconsciente, ni supraconsciente, ni nada parecido.

En las postrimerías del segundo decenio del Siglo XXI la minoría de seres humanos que tienen la experiencia de los destellos de conciencia, más o menos prolongados, ha alcanzado un nivel crítico en la mayoría de países de Asia, África y América. Sin embargo en los países que han alcanzado rentas elevadas este proceso se manifiesta de una forma atenuada e incluso sucede que en los sectores más privilegiados de la pirámide social apenas se manifiesta. En la medida que estos sectores son los que conforman la opinión pública sucede que el tema de la conciencia tiene carácter casi clandestino en la llamada cultura global.

Todos los seres humanos saben muy bien lo que es una vivencia de conciencia que pueden asociar al primer llanto de un hijo, al último suspiro de la abuela moribunda, a la primera vez que compartieron la intimidad con el ser que deseaban de manera ardiente o a la muerte repentina de un hermano o un amigo. Cuando las personas se percatan de que existe un salto de calidad infranqueable, entre estas vivencias y el resto de cosas que suceden en la vida, tienen la posibilidad de iniciar el camino que lleva al despertar de la conciencia.

En el seno de un viaje de vacaciones suele aparecer algún destello inesperado de conciencia. Cuando una pareja tiene la ocurrencia de repetir el viaje de luna de miel, en el momento que sus hijos se han emancipado, tiene la oportunidad de rememorar algún destello de conciencia más especial que otros. Estas personas, por fin, entienden que la conciencia cuando existe permanece en estado de evolución y, si no es así, significa que no existe.

Los destellos de conciencia, que son más potentes que otros, pueden ser causa de locura en una persona que no está preparada para asimilarlos. Hay que comprender que la locura verdadera forma parte del ámbito de la mente despierta mientras que existen mil formas de reproducción de locura que, todas ellas, forman parte del ámbito de la mente dormida y afectan a millones de hombres y mujeres débiles que precisan de la protección de la sociedad para sobrevivir.

La psiquiatría clínica vigente también forma parte del ámbito de la mente dormida en la medida que permanece constreñida por los parámetros de la filosofía racionalista que tiene carácter totalitario en el mundo académico. Por esta razón no tienen ninguna posibilidad de distinguir la locura verdadera que afectaba al personaje grandioso de Don Quijote de la Mancha y la falsa locura que padecen los centenares de miles de semejantes que son atendidos en los centros de psiquiatría de todo el mundo.

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