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Las sociedades secretas

Las sociedades secretas

Las sociedades secretas no tienen nada que ver con la Masonería y otras agrupaciones elitistas que tienen carácter discreto pero no secreto. Todas estas agrupaciones forman parte del ámbito de la mente más o menos dormida. La prueba de ello es que sus ceremonias de iniciación son formalismos que están al abasto de muchas personas que acceden a estas agrupaciones con la única intención de añadir oportunidades a su carrera profesional lo cual es legítimo en un entorno competitivo.

Por el contrario las sociedades secretas forman parte del ámbito de la mente despierta y sus ceremonias de iniciación tienen carácter terrible y sólo pueden ser soportadas por individuos que han alcanzado un grado de poder mental muy elevado una vez han conseguido extirpar de su corazón todo vestigio de compasión. Ésta es la razón por la que las sociedades secretas poseen el poder en la Tierra desde hace siglos y milenios.

Es cierto que las agrupaciones elitistas son banderines de enganche de las sociedades secretas pero también lo son determinadas iglesias presbiterianas y metodistas que tienen un carácter no menos elitista. Otros banderines de enganche son la orden de los Padres Jesuitas y las organizaciones laicales de la Iglesia Católica que divulgan un concepto artificial de la santidad que está muy alejado del magisterio de Jesucristo y no esconden que su verdadero propósito es la acumulación de patrimonios cuantiosos con objeto de acceder a una cuota más o menos elevada de poder religioso.

Las sociedades secretas actúan por medio de criterios cien por cien pragmáticos y sólo se interesan por los hombres y las mujeres que han alcanzado el estado de la mente despierta y poseen expedientes profesionales impecables. Las sociedades secretas sienten un desprecio absoluto por los racionalistas de mente dormida aunque les hayan concedido un Premio Nóbel.

El “Know how” de las Sociedades Secretas

El acceso al conocimiento verdadero es muy laborioso y la prueba de ello es que son muy pocos los que lo consiguen sin que su mente se desequilibre. Ahora mismo es posible acceder a bastantes destellos de la verdad en algunos vídeos de You Tube pero sucede que el destello de verdad por lo general va acompañado del sabor del delirio e incluso del trastorno de personalidad que tiene la máxima gravedad. Lo cierto es que la verdad aparece enmascarada por una barrera formidable que es la locura lo cual da lugar a la perplejidad de las personas inteligentes con independencia de que tengan la mente más o menos despierta.

Es demostrable que la verdad sólo puede abrirse camino entre la mentira y la locura. Ésta es la razón de que sea muy difícil dilucidar hasta donde llega la luz y hasta donde llega el delirio en todos los descubrimientos relevantes.

Bernard Mong Tse posee la experiencia singular de haber accedido al conocimiento que se mantiene en secreto por el camino más inesperado de todos que es el de capturar información que procede del lado de la oscuridad. Ésta es la única información que tiene derecho a divulgar mientras que la que le transmitió su maestro, entroncado en la escuela sagrada de China, tiene el deber de no ponerla jamás por escrito a excepción de aquellas cosas que ha tenido la posibilidad de descubrir por si mismo.

El principal “know how” de las sociedades secretas que agrupan a lo adeptos de Lucifer son los ritos religiosos del lado de la oscuridad que tienen carácter terrible pero permiten a los celebrantes alcanzar un grado muy elevado de poder mental lo cual les da la posibilidad de acceder a la condición de guerreros del lado de la oscuridad y titulares de fiducias que tienen la forma de patrimonios financieros muy cuantiosos hasta el punto de que conforman el sustento de todos los centros del poder real que existen en el mundo.

Los ritos religiosos que celebran las sociedades secretas tienen un poder inmenso de canalizar flujos de dinero de muchos ceros en una determinada dirección hasta el punto de dar vida a un oligopolio. Ninguna persona sensata puede creer esta afirmación ajena al conocimiento académico. Sin embargo los libros de Bernard Mong Tse la demuestran por medio de relatos novelados que transmiten fielmente hechos verdaderos cuyos protagonistas fueron cristianos, musulmanes, budistas y personas fieles a la antigua cosmología de los chinos. El relato posee la coherencia propia de los hechos verdaderos y el sabor de los descubrimientos que tienen carácter inter-confesional y han burlado el control de los poderes religiosos respectivos que todos ellos están subordinados al poder real.

Los guerreros del lado de la oscuridad asumen un riesgo cuando celebran un determinado rito religioso que tiene el propósito de conseguir la autodestrucción de un guerrero del lado de la luz y apoderarse de su energía mental. Sucede que cuando la víctima del rito es capaz de resistir las consecuencias terribles del mismo, que pueden ser la ruina del matrimonio, de un negocio próspero e incluso un cáncer que alcanza la fase terminal, no sólo mantiene consigo intacta la capacidad de canalizar energía del lado de la luz sino que se apodera de la información que sus enemigos guardan en la mente y tienen el deber de mantener en secreto.

Ninguna persona sensata tiene la posibilidad de creer este fenómeno extraordinario que no se hace claro hasta que se accede a la comprensión de las Leyes Cósmicas de la Correspondencia y la Armonía que constituyen la esencia del conocimiento que ha acumulado la escuela sagrada de China y la cumbre de la revelación que Dios ha hecho llegar a la humanidad. Esta revelación también está presente en La Biblia pero ha sido ocluida por las sociedades secretas que han mantenido el control férreo sobre el poder del dinero en mayúsculas y sobre el poder religioso a lo largo de la historia de Occidente.

El fenómeno al que nos referimos es idéntico en la Religión Judía, la Religión Cristiana y la Religión del Islam. En el caso de la Iglesia Católica el fenómeno es más opresivo por causa de las características singulares del centro de poder religioso y político que la preside.

Alguien puede pensar que es imprudente divulgar una información que tiene carácter sumamente penetrante cuando la humanidad no está preparada para asimilarla. La experiencia de Bernard Mong Tse demuestra que hay bastantes cristianos y no menos musulmanes que están preparados para conocer la verdad por el hecho de que se sienten protegidos por el poder infinito de Dios que también acoge a los budistas, a los hinduistas, a los herederos de la antigua sabiduría de China e incluso a las personas que no practican ninguna religión pero actúan de forma correcta con sus semejantes

 

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