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Las escuelas sagradas y las sociedades secretas

Las escuelas sagradas y las sociedades secretas

Las civilizaciones humanas han permanecido vertebradas, desde tiempos inmemoriales, por las escuelas sagradas y las sociedades secretas.

Las escuelas sagradas han sido una expresión del lado luminoso de la civilización y las sociedades secretas han sido una expresión del lado oscuro de la misma. Las cosas han sucedido así por causa de la Ley Cósmica de la Correspondencia y no podían haber sucedido de ninguna otra manera.

En todas las civilizaciones ha sucedido que las escuelas sagradas han asegurado la continuidad del lado luminoso de la religión, las normas de comportamiento, la cultura, la estética, especialmente la simbología que ayuda a ordenar la mente de las personas e incluso la economía y el estado en algún momento histórico muy concreto sobre todo en el caso de la Civilización China.

Las sociedades secretas se han ocupado de mantener un control férreo sobre los centros de poder que son realmente importantes, incluidos los centros de poder religioso. Este fenómeno ha sido idéntico en todas las civilizaciones y podrá ser estudiado, algún día, por medio de una historiografía de la mente despierta que sólo podrá sustentase en el método científico de conocimiento.

Las escuelas sagradas han sido depositarias de la revelación que el Cielo ha hecho llegar a la Tierra y lo mismo ha sucedido en todas las civilizaciones. Algunos elementos de la revelación que han llegado a las escuelas sagradas han sido coincidentes mientras otros han sido complementarios e incluso han tenido la apariencia de ser contradictorios. En este último caso ha sucedido que los elementos de revelación han sido difíciles de encajar lo cual ha dado lugar al concepto del laberinto que no hay más remedio que recorrer como condición ineludible para alcanzar el conocimiento de la verdad que es la misma para los hijos de todas las civilizaciones.

Algunos doctrinarios cristianos afirman que fuera de la Biblia no hay revelación. Algún doctrinario católico, de mente retorcida además de dormida, ha llegado a afirmar que fuera de la Iglesia de Roma no hay ninguna posibilidad de salvación. Estas proclamas están muy lejos de la verdad y han sido inspiradas por el lado oscuro de las iglesias respectivas que permanece vertebrado por las sociedades secretas que tienen el dominio de la cabeza de todas las instituciones que poseen poder en la Tierra. Este razonamiento parece ser muy audaz, pero está a punto de llegar el día en que podrá ser demostrado por un procedimiento científico.

Una pieza muy importante del laberinto es el proceso de acumulación de conciencia que lleva a cabo el alma humana por medio de existencias terrenales sucesivas. Este elemento de la revelación forma parte de la Biblia aunque de una forma muy sutil mientras constituye un concepto determinante de la revelación que agració a la escuela sagrada de la India. A los cristianos no les resulta fácil acercarse a este destello de la verdad revelada que es igual de importante que el que explica que el ser humano fue creado a imagen y semejanza de Dios y da lugar a la esencia de la cosmovisión que fue confiada a la escuela sagrada de Occidente.

A finales del segundo decenio del Siglo XXI existe una minoría pequeña pero significativa de cristianos, hijos de diversas iglesias, que tienen la mente lo suficiente despierta para entender que si no se acepta el concepto de la acumulación de conciencia, que se lleva a cabo por medio de existencias terrenales sucesivas, no es posible comprender a los niños que vienen al mundo llevando dentro los impulsos de la compasión, la conciliación, el servicio al prójimo y la búsqueda de la verdad en un grado mucho más elevado del que es propio del resto de los niños.

El Laberinto de la Verdad sólo puede ser recorrido por un hombre o una mujer que ha alcanzado la actitud de humildad que resulta imprescindible para contemplar un destello de verdad que forma parte de otra cosmovisión pero no fue revelado a los antepasados propios. Esto significa que todos los seres humanos que viven sumamente identificados con una creencia, sea la que sea, están muy lejos de la verdad. Lo más interesante de este tema aparece cuando se cae en la cuenta de que el hecho de ser prisionero de un dogma de fe, aunque tenga la apariencia de ser el más sagrado de todos, constituye una manifestación irremediable de falta de humildad.

El ser humano lleva algo dentro que le hace muy difícil alcanzar la actitud de la humildad sincera que resulta ser imprescindible para seguir el camino que lleva a la verdad. El defecto que llevan dentro todos los seres humanos es el sentimiento de importancia que puede expresarse por medio de la soberbia, la tristeza, el ensimismamiento, el escepticismo, el sarcasmo, la sorna u otras actitudes negativas que todas tienen en común la insuficiencia de empatía.

El hecho de que el ser humano, que no tiene la certeza de que seguirá con vida el día siguiente, lleva dentro un sentimiento de importancia de dimensión descomunal constituye el mayor de los misterios y obliga a hacer la hipótesis de que en el origen de este sentimiento esté el Diablo que consiguió usar la Ley Cósmica de la Correspondencia a un nivel muy elevado con objeto de confundir el ser humano creado a imagen y semejanza de Dios.

La humildad es una cualidad que tiene la rara característica de que se extingue en el momento que se proclama. Las escuelas sagradas se han ocupado de desarrollar la empatía de los discípulos por medio de un método que trae consigo que, a medida que aumenta esta cualidad que siempre es comprobable, disminuye el sentimiento de importancia lo cual trae consigo que se abra el canal que las personas llevan dentro y les permite alimentarse de la energía divina. Por este procedimiento un ser humano puede conseguir ser realmente humilde sin mencionar jamás la palabra humildad.

Las escuelas sagradas se han ocupado de divulgar la Ley Cósmica de la Correspondencia cuya expresión más evidente es la que proclama que no puede conocerse nada fuera si no se conoce dentro. Esto significa que el proceso de acercamiento a la verdad debe hacerse, a la vez, dentro y fuera. A medida que el iniciado va conociendo más cosas de si mismo también va conociendo más cosas de su entorno y a medida que observa cosas nuevas en los demás tiene la oportunidad de conocer más cosas del ser que lleva dentro.

Jesucristo enseñó a sus discípulos la manera de descubrir las vigas en los ojos propios contemplando las pajas en los ojos ajenos. Esta enseñanza da lugar al primer peldaño de todas las escuelas de iniciación serias. Es demostrable que nadie puede descubrir nada de lo que lleva dentro hasta que lo contempla en un semejante.

La escuela sagrada de China descubrió muchas expresiones de la Ley Cósmica de la Correspondencia que resultan imprescindibles en todo proceso de iniciación. Una de ellas es la que explica que donde hay poca luz también hay poca oscuridad de la misma manera que donde hay mucha luz también hay mucha oscuridad.

A partir de este descubrimiento las escuelas sagradas explican a los hombres y las mujeres que llevan a cabo un proceso sincero de iniciación que, a medida que ellos se acercan más a la luz, más se acerca la oscuridad a ellos. Este razonamiento debe ser escrito en letras muy grandes y debe ser comprendido por medio de ejemplos que surgen de la experiencia cotidiana de los hombres y las mujeres que se han juntado con el propósito sincero de conocer la verdad que ha permanecido escondida a lo largo de siglos y milenios.

La escuela sagrada de China desarrolló la alegoría de la pagoda de la evolución de la conciencia por medio del símil del edificio dotado de muchas plantas que a medida que se ascienden permiten descubrir detalles del horizonte que permanecían escondidos en el piso inferior.

La pagoda puede ser tan alta que llegue a alcanzar las nubes del cielo. Esto significa que el proceso de evolución de la conciencia del ser humano no tiene límite y también significa que el estado de perfección es un objetivo que jamás se alcanza por completo.

La escuela sagrada de China también desarrolló la alegoría de que la conciencia es una moneda que tiene dos caras: una de ellas es la fe y la otra es la empatía que exige desarrollar al máximo tanto la razón como la cordura.

Esto significa que los conceptos de fe, razón, cordura, empatía y conciencia existen todos juntos o no existe ninguno de ellos. Esta afirmación deja perplejas a las personas que la escuchan por primera vez, pero llega un momento que la vislumbran con la claridad del agua del arroyo de la sierra.

Todo proceso correcto de iniciación lleva consigo la aproximación a la verdad a medida que se ascienden las plantas de la pagoda y se construye la moneda que tiene dos caras y una no puede existir sin la otra de acuerdo con el razonamiento que hemos hecho en los párrafos anteriores.

Existe un rito más importante que los otros que es patrimonio de las escuelas sagradas. Nos referimos al rito de postrarse ante Dios en una actitud de sumisión incondicional y confianza total. Este rito permite cultivar la fe que es una de las caras de la moneda de la conciencia.

Para cultivar la empatía debe recurrirse a la experiencia de la vida cotidiana. Es demostrable que a los guerreros, que siguen un proceso de iniciación correcto, les sucede que, el día menos pensado, conocen a alguien de que quien tendrán la posibilidad de aprender una lección importante, pero resulta que la relación con el recién llegado no resulta cómoda al guerrero. Si éste hace el esfuerzo, de encajar en su vida, al hermano recién aparecido tendrá la posibilidad de aprender la lección y si renuncia a hacer el esfuerzo no la aprenderá.

Está demostrado que el incremento de la empatía con los semejantes estimula el incremento de la fe y la confianza incondicional en la protección del Padre común de todos los prójimos que es el Dios único las grandes religiones de la humanidad. Hay que dejar claro que el incremento constante de la fe es la clave de todos los procesos de iniciación que cumplen el propósito de la evolución de la conciencia de los seres humanos que los siguen de una manera sincera.

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