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El mandala interior del ser humano

El mandala interior del ser humano

Mi maestro explica que los hombres y las mujeres que convivían en las sociedades tribales que poblaban la Tierra, hace una docena de miles de años, tenían la mente despierta con objeto de adaptarse a un medio muy duro y dar una satisfacción mínima a sus sentimientos en unas condiciones de vida que ahora resultan impensables. Por ejemplo el hecho de que la mayoría de los niños murieran antes de llegar a la edad adulta y fueran muy pocas las personas que accedieran a la vivencia de jugar con los nietos.

Mi maestro explica también que los monos que conforman una colonia, que ocupa la copa de un gran árbol, tienen la mente despierta para cumplir su cometido en un determinado lugar de la selva ecuatorial lo cual incluye zafarse de un felino que asciende, de manera sigilosa, al árbol, con la primera luz de la mañana, con objeto de capturar al más torpe del colectivo de simios y lo consigue algunos días lo cual indica que también tiene la mente despierta a la hora de cumplir su cometido en la naturaleza.

El hecho de que el desarrollo de las civilizaciones haya traído consigo el fenómeno de la extensión del estado del sueño psíquico en el que permanecen sumidos, la mayoría de los seres humanos, ha obligado a pensar mucho a todas las personas inteligentes que han acumulado vivencias que les han hecho atinar en este fenómeno espantoso.

El fenómeno del sueño psíquico que afecta a la mayoría de seres humanos sólo ha sido descrito en obras de ciencia-ficción que han tenido el inconveniente de no asociar la liberación del estado del sueño hipnótico con un estado de mayor lucidez sino de mayor delirio. Las películas de la serie “Matrix” son un exponente de lo que explico. En mi opinión estas películas poseen un lado luminoso evidente por el hecho de que descubren un hecho verdadero que permanece oculto, pero lo hacen a costa de cargar con un lado oscuro que sin duda es mucho más potente. Conozco a varias personas que tenían la mente bastante despierta, pero han enloquecido, de manera irremediable, contemplando películas de este género.

He descubierto que en China existe un porcentaje relevante de la población que goza de una mente más o menos despierta y se mantiene cuerda a diferencia de Occidente donde este porcentaje es mucho más reducido. De acuerdo con la opinión de mi maestro la escritura ideográfica cumple la función de que las personas mantengan la mente estructurada de acuerdo con algunos caligramas básicos que los niños aprenden muy pronto y les ayudan a contemplar, en su lugar, los cuatro principios cósmicos que son el Cielo, la Tierra, el lado del Yang y el lado del Yin de la energía.

Tengo la certeza de que en China existe un segmento relevante de hombres y mujeres que están dotados de una mente despierta, se mantienen cuerdos y han elegido el lado del Yang de la energía. Ésta es la razón por la que la civilización resultó impenetrable a las embestidas del idealismo filosófico (la última de las cuales fue el Marxismo) mientras la sociedad permaneció aglutinada, en el plano de la familia, la amistad y las relaciones entre las personas, por los valores que son fruto del realismo y el pragmatismo. Esto fue así incluso en la época más trágica de la decadencia cuando, en algunas ciudades, había un servicio público que se encargaba de recoger los cadáveres de los indigentes que morían de frío y desnutrición un día tras otro. Hay que anotar que este fenómeno extremo de crueldad no sucedía en la Europa Cristiana donde había las congregaciones de monjas de la caridad.

En Occidente el segmento de la población que goza de una mente despierta es mucho más reducido que en China. De acuerdo con mi experiencia personal en algunos países que conozco un poco que son Brasil, México, Colombia, Ecuador, Cuba y Venezuela hay un porcentaje relevante de la población que goza de una mente relativamente despierta aunque el fenómeno es menos consistente del que he observado en China.

En los países de Europa la situación es muy complicada hasta el punto de que las personas que tienen la mente despierta no tienen más remedio que arrimarse, en un grado menor o mayor, al lado oscuro de la energía con objeto de seguir una carrera profesional exitosa o resignarse a caer en la depresión o incluso la psicosis.

Este problema tremendo de la sociedad europea es la causa de la doble moral que constituye el signo de identidad principal de las organizaciones laicales de la Iglesia Católica donde se predican una serie de cosas que suenan bien en los oídos, pero las personas, que tienen la mente mínimamente despierta, saben muy bien que tienen que hacer otras cosas si quieren que su familia alcance un elevado nivel de vida. Por fin sucede que estas personas establecen relaciones informales entre ellas con objeto de dar satisfacción a propósitos estrictamente terrenales y este hecho inconfesable es el que da sentido a su militancia católica.

Resulta interesante constatar como las organizaciones laicales católicas juegan un papel parecido al de las logias masónicas por el hecho de que, unas y otras, constituyen canales que permiten a hombres y mujeres, de mente despierta, hallar un camino que les permite acceder a las ventajas propias del mundo de la oscuridad. Tanto unos como los otros se llenarán la boca con discursos contrapuestos, pero, a la hora de la verdad harán las mismas cosas y se convertirán en expertos de la doble moral.

Mientras tanto los doctrinarios pronunciarán discursos encendidos acerca de la confrontación histórica entre la Masonería y la Iglesia Católica. El gran teatro del mundo alberga a miles de figurantes que todos ellos tienen la mente profundamente dormida con independencia del contenido de su discurso.

Me resulta difícil acudir a referentes que tengan su raíz en la escuela sagrada de Occidente en la medida que tengo muy poca información acerca de ella. Es posible hacer la hipótesis de que en América Latina exista una cultura de la mente despierta que tenga las raíces en escuelas sagradas que sin duda existían en los pueblos indígenas o llegaron al Nuevo Continente por medio de los esclavos africanos.

Por medio de esta hipótesis podrían explicarse las diferencias evidentes que existen entre dos países complicados y fascinantes como son Brasil y México donde pueden hallarse raíces culturales inesperadas que permanecen entroncadas en el campo de la mente despierta y Argentina que es un país de cultura, cien por cien europea, donde las personas que no tienen la mente dormida deben elegir entre arrimarse al lado de la oscuridad de la energía o caer en la depresión o el delirio.

Tengo el convencimiento de que el camino católico de santidad, por el que me interesé cuando leí la biografía de José de Calasanz, tiene la raíz en la escuela sagrada de Occidente. Siento fascinación por el personaje que, en los primeros decenios del Siglo XVII, consiguió llevar a la práctica el concepto de la escuela pública y gratuita hasta que fue víctima del lado oscuro de la Iglesia Católica al igual como le sucedió a su amigo Galileo.

El ejemplo de José de Calasanz es la única referencia clara que tengo de una tradición seria que puede mirar, de igual a igual, a la escuela sagrada de China. No tengo más remedio que reconocer que el camino católico de santidad ha degenerado por causa de los individuos, de tipo neurótico, que viven obsesionados por las tentaciones que tienen que ver con el sexo – que acostumbran a ser las más inocentes de todas – y confunden el sacrificio inevitable que trae consigo la vida de las personas sanas con la extravagancia de llevar un cilicio debajo del cinturón.

Deberé explicar, en los libros que estoy escribiendo, el camino del guerrero tal como fue desarrollado por la escuela sagrada de China aunque también podré explicar que en Occidente este mito tiene el referente de los Caballeros Templarios. Supongo que existen grupos que mantienen viva la memoria de la Orden del Temple y esto les ayuda a alcanzar un cierto grado de despertar de la mente sin caer en la depresión o la locura.

Mi maestro es un gran experto en el tema de la simbología que en Occidente ha sido divulgado, de una forma superficial, en el plano académico mientras ha constituido la materia prima de novelas famosas que han contribuido a extender una ceremonia interminable de la confusión.

Las personas que han estudiado la génesis de algunos ideogramas antiguos de la escritura de los chinos tienen la posibilidad de acercarse al conocimiento verdadero de la simbología. Las personas que no han estudiado estas cosas deben mantener la boca cerrada frente a un tema que es muchísimo más complejo de lo que puede suponerse.

Mi maestro explica que el conocimiento verdadero de la humanidad sólo puede ser transmitido por medio de los mitos auténticos, los ritos y los símbolos. Yo también tengo el convencimiento de que, al margen de estas tres raíces del conocimiento, no pueden existir caminos que lleven al descubrimiento de la verdad.

Mi maestro ha desarrollado la tesis de que existe un símbolo sagrado de la humanidad al que sólo puede darse el nombre de mandala que es una palabra que procede del sánscrito que es la lengua antigua de la India.

El símbolo del mandala cumple la función de ordenar la mente humana en torno de los cuatro principios cósmicos que son el Cielo (el espíritu), la Tierra (la materia), el lado del Yang (lado de la luz) y el lado del Yin (lado de la oscuridad) de la energía.

El concepto del guerrero nace de la experiencia del hombre o la mujer que han conseguido ordenar su mente, de manera continuada, en torno a los cuatro principios cósmicos. Estas personas consiguen desarrollar lo que mi maestro denomina el mandala interior.

El mandala interior del ser humano da lugar a un concepto que el hombre o la mujer que siguen un proceso de iniciación correcto desarrollan con el paso de los años. Es imposible explicar, por medio de palabras, este concepto experiencial que cumple la función de armonizar los impulsos que provienen del espíritu, la materia, la luz y la oscuridad.

El mandala interior del ser humano es la clave de la antropología y la psicología, de carácter científico, que procede de la experiencia acumulada por la escuela sagrada de China y yo tengo el deber de desarrollar por medio de las vivencias de las tres docenas de personajes que vertebran el relato novelado que estoy escribiendo.

La simbología antigua de China gira en torno del concepto del mandala. Al parecer la escuela sagrada logró un hito decisivo cuando las monedas de bronce conformaron un mandala en el anverso mientras el reverso se mantenía liso. Al parecer esto sucedió en la época en que ya existían muchos caligramas que expresaban conceptos, pero todavía no los suficientes para escribir una crónica.

Hay pocas personas que han atinado en el hecho de que el símbolo del triángulo destruye la armonía del mandala y puede tener efectos perniciosos sobre la mente. Quizás ésta es la razón por la que este símbolo funciona bien, como señal de tráfico, para expresar el concepto del peligro.

Los antiguos sabios chinos decidieron introducir la curvatura en el diseño de los tejados y añadir los remates de cerámica en los contornos y los voladizos. Esta decisión sabia cumplió el propósito de evitar el efecto pernicioso que tiene el símbolo del triángulo sobre la mente humana.

En Occidente ha habido una tradición, más o menos secreta, que ha hecho del triángulo un objeto de meditación. Debo hacer la hipótesis de que, por este procedimiento, se haya absorbido gran cantidad de energía mental a las personas ingenuas que han creído en los supuestos ideales que acompañaban el símbolo problemático.

Tengo claro que la historia de la humanidad podría ser escrita, de una forma más cercana a la verdad, a partir de contemplar las iniciativas de las escuelas sagradas que trataron de ayudar, a los hombres y las mujeres, a cumplir el destino que tenían escrito en el Cielo y las iniciativas de las sociedades secretas que cumplían el propósito de absorber la energía mental, a los semejantes, con objeto de apoderarse de la misma y construir elites artificiales que dominaran el sistema de poder, sobre el dinero en mayúsculas, que es el instrumento que permite controlar el resto de los centros de poder incluidos los centros de poder religioso. 

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