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El conocimiento superior que permanece oculto en la Biblia

El conocimiento superior que permanece oculto en la Biblia

Sócrates desarrolló una tesis propia de las escuelas sagradas cuando proclamó la necesidad de conocerse a uno mismo como condición ineludible para acceder al conocimiento verdadero del entorno.

Sócrates fue condenado a muerte, por un jurado de notables de Atenas, acusado de impiedad hacia la religión tradicional de los griegos que estaba presidida por los Dioses del Olimpo y de corromper a los jóvenes que se sentían atraídos por sus enseñanzas y, sin duda, eran los mejores de entre sus compañeros.

El filósofo pudo huir de Atenas y burlar la sentencia de muerte, pero no lo hizo. Decidió beber la taza de veneno que acarrearía su muerte después de proclamar que hay momentos en que no hay más remedio que decidir ser víctima de la injusticia antes que cometerla.

El ejemplo heroico de Sócrates constituye un signo de identidad de la Civilización Occidental que no procede de la tradición de la Biblia y tuvo lugar cuatro siglos antes del nacimiento de Jesucristo.

En la obra de Platón y Aristóteles existe un hilo conductor que tiene sabor humanista y se ocupa de los temas más importantes de todos que son el perfeccionamiento del ser humano, la convivencia, la libertad, la justicia y la felicidad.

Es probable que en el pensamiento de los filósofos griegos haya la influencia de escuelas de pensamiento de Egipto y Siria y estas escuelas tuvieran una antigüedad incluso mayor que la escuela sagrada de China.

Existe la disciplina que se denomina Geometría Sagrada y que, al parecer, procede del Antiguo Egipto. Esta enseñanza explica el concento de la evolución de la conciencia de una forma parecida a como lo hace la alegoría de la pagoda que es propia de la escuela sagrada de China, pero tiene el inconveniente de que sólo puede transmitirse a un hombre o una mujer que posean un cierto nivel académico, mientras que la alegoría de la pagoda puede ser comprendida por una persona que sólo haya cursado estudios primarios.

Mi maestro tiene el convencimiento de que el texto más importante de la Civilización Occidental es el “Libro de Job” donde el patriarca, después de demostrar ser el campeón de la fe, entendida como confianza incondicional en la protección de Dios en los momentos más duros que alguien pueda imaginar, es capaz de anunciar nada menos que el concepto de la conciencia con un grado de claridad que no tiene punto de comparación con ningún otro pensador de la antigüedad de Occidente.

No es fácil estudiar el Libro de Job ya que su autor usa el truco de depositar perlas escondidas en medio de la paja. Las perlas son razonamientos muy impactantes. En una ocasión llegó a mis manos un librito muy pequeño que reproducía una docena de perlas del Libro de Job. Varias perlas se correspondían a reflexiones famosas del patriarca, pero otras eran inéditas para mí. Aquel librito me abrió los ojos acerca de la potencia del pensamiento de Job y me sorprendió no haberme enterado de ello hasta aquel día.

Más tarde me ocupé de identificar otras reflexiones importantes en el texto farragoso del Libro de Job. Ahora mismo dispongo de diecinueve perlas que contemplo, de tanto en tanto, en la pantalla del ordenador. Puedo asegurar que todas ellas son sublimes y permiten comprender, sin ningún equívoco, los conceptos esenciales del arte de vivir que son la fe, la cordura y la conciencia.

Mi maestro descubrió un paralelismo entre la experiencia del patriarca Job y la experiencia del maestro Mong Tse que también ha permanecido documentada por medio de perlas escondidas en medio de la paja. El discurso del patriarca judío se sustenta en el Dios personal mientras el discurso del maestro chino se sustenta en el Cielo impersonal, pero los conceptos experienciales de la fe, la cordura y la conciencia son exactamente los mismos.

Al parecer este descubrimiento no ha sido hecho por nadie más que por mi maestro. Este hecho que resulta desconcertante porque no es una cosa cualquiera y muestra, hasta que punto, los estudiosos cristianos han sido refractarios al mandato de Jesucristo de buscar la verdad con objeto de alcanzar la condición de seres libres y tampoco han prestado atención a la exhortación del maestro que proclama: “El que tenga oídos para oír que oiga”.   

El hecho de que en el origen de las dos civilizaciones hubiera hombres que poseyeran experiencias parecidas da lugar a un descubrimiento que, sin duda, resultará apasionante a jóvenes estudiosos que tengan la mente despierta y lleguen a la concusión de que es verdad que los conceptos de la fe, la cordura y la conciencia son los más importantes de todos y, por esta razón, han permitido crear civilización mientras las ideas especulativas mantenían ocupados a los filósofos famosos que todos ellos tenían en común el hecho de tener la mente dormida y sentirse importantes por su sueño.

Es posible demostrar que las experiencias de la fe y la cordura se entrelazan hasta el punto de dar lugar a las dos caras de una moneda que es precisamente la conciencia. Esta reflexión resulta fascinante a las personas que tienen la mente despierta mientras no tiene ningún sentido para los semejantes que tienen la mente dormida.  

La memoria popular asocia el patriarca Job con la experiencia tremenda de mantener la fe en medio del sufrimiento indescriptible del hombre que ha perdido los hijos, la esposa y los bienes materiales, ha sufrido la incomprensión de los amigos y, por fin, ha contraído una dolencia apestosa que lo ha condenado a la mendicidad.

La experiencia de Job no sería completa si no hubiera sucedido que, una vez se hubo liberado de la dolencia apestosa a la edad de sesenta y tantos años, tuvo el coraje de casarse con una mujer joven con la que engendraría un montón de hijos mientras se ocuparía de construir un nuevo patrimonio que sería superior al que había perdido. Las perlas del Libro de Job sólo tienen plena credibilidad ante una persona que conoce la segunda parte de la historia del patriarca.

Al parecer Job vivió más de cien años y murió arropado por un batallón de nietos que serían los creadores de un mito verdadero que no se extinguiría jamás.

Mi maestro tiene el convencimiento de que Aristóteles había leído el Libro de Job en la sinagoga de Atenas o quizás en la de Corintio que era más importante. El filósofo griego no habría sido capaz de comprender los conceptos de la fe, la cordura y la conciencia, al nivel que los había enunciado el patriarca judío, por el hecho de que su experiencia de la vida propia de un patricio de Atenas era muchísimo más plácida, pero había comprendido muy bien el arte de construir razonamientos impecables que Job aprendió en medio del sufrimiento extremo y se encargaría de plasmar este arte en la disciplina de la lógica que se convertiría en un signo de identidad de la Civilización Occidental que merece un gran respeto a los chinos cultos.

Mi maestro también tiene el convencimiento de que el mito de Dios y el mito del Cielo tienen un valor equivalente en la medida que permitieron construir los valores de la fe, la cordura y la conciencia, de forma parecida, en los dos extremos del mundo de la antigüedad.

Debo hacer la hipótesis de que es verdad que en Occidente existe una escuela sagrada que pueda llamarse “Tradición de los Justos” y fuera fundada por los discípulos de Job. Aquellos hombres escribieron el libro que lleva el nombre del patriarca y tuvieron el talento inmenso de dejar impreso, con la máxima claridad, el conocimiento que es más importante de todos por el hecho de que procede de una experiencia que es superior a cualquier otra. El conocimiento habría permanecido intacto por el hecho de haber sido plasmado en forma de perlas escondidas en medio de la paja típica de los relatos bíblicos. Las perlas habrían alimentado la escuela sagrada, encargada de vertebrar el lado luminoso de la Civilización, mientras pasaban desapercibidas a los eruditos y los doctrinarios dotados de fe insuficiente.

Lo mismo que ha sucedido con el “Libro de Job” también ha sucedido con los evangelios que esconden perlas valiosas que han pasado desapercibidas a los eruditos y los doctrinarios a lo largo de los siglos.

He localizado treinta perlas valiosas en los evangelios canónicos y todavía no me he ocupado de examinar los evangelios apócrifos donde seguramente habrá algunas más.

La divulgación del significado de las enseñanzas más importantes de Jesucristo que han permanecido ocultas, a lo largo de los siglos, tendrá un gran impacto entre los cristianos que tienen la mente despierta y han elegido el lado de la luz de la energía.

En el momento que se lee La Biblia con los ojos abiertos se descubre, con una nitidez asombrosa, un nuevo conocimiento que se parece, como dos gotas de agua, al que es patrimonio de la Escuela Sagrada de China. Por este procedimiento se evidencia la existencia de la Escuela Sagrada de Occidente que es poseedora de un patrimonio igual de valioso aunque quizás menos elaborado.

Este descubrimiento tiene carácter apasionante y además promete resultar irrefutable en el momento que exista una masa crítica de la población que posea la mente despierta al igual como la poseyeron el patriarca Job, el maestro Mong Tse y sobre todo Jesucristo que es el más elevado de todos los maestros que han pisado la Tierra con independencia que para los cristianos sea el Hijo unigénito de Dios, para los musulmanes sea el Cristo de Dios y para los fieles de otras religiones, que tienen los ojos abiertos, sea el profeta que cumplió la misión de meter en la mente humana los conceptos más importantes de todos.

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