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El conocimiento superior,  el magisterio de Jesucristo y los sistemas de poder

El conocimiento superior, el magisterio de Jesucristo y los sistemas de poder

Hay bastantes cristianos que se percatan de que la esencia del magisterio de Jesucristo es incompatible con los sistemas de poder incluso con cualquier sistema de poder religioso.

A lo largo de los siglos sucedió que algunos cristianos se percataban de esta cuestión esencial que se desprende de la lectura de los evangelios, pero no tenían más remedio que mantener la boca cerrada por el hecho de que el poder religioso tenía carácter totalitario y disponía de los temibles tribunales de la Santa Inquisición Pontificia que más tarde se denominó Santo Oficio.

De acuerdo con lo que explican los evangelios, Jesucristo fundó la Iglesia como una comunidad de discípulos que tenía el deber de extender su magisterio por el mundo de la época. La Iglesia fue una comunidad de discípulos a lo largo de tres siglos y mantuvo las características propias de todas las comunidades en las que se desarrollan experiencias múltiples que enriquecen al conjunto de la comunidad.

A lo largo de aquellos tres siglos la Iglesia tuvo carácter ilegal y clandestino en todas las provincias del Imperio Romano. Los miembros de la comunidad que sentían la vocación de ser presbíteros y obispos sabían que el premio probable que les esperaba era el martirio.

La Iglesia clandestina sólo podía sostenerse en la pluralidad de experiencias en torno a las cosas esenciales del legado de Jesucristo que nadie ponía en cuestión. Por ejemplo bautizar a los catecúmenos en el nombre del Padre, el Hijo y el Espíritu Santo y celebrar la Eucaristía tal como lo hizo el maestro en la Última Cena. 

Parece obvio que en la comunidad de fieles, que funcionaba fuera de la ley, la asumción del cargo de obispo no era resultado de la ambición de poder sino de la vocación de servicio a la comunidad que, sin duda, era una tarea que conllevaba grandes sacrificios además del riesgo de ser arrestado y condenado a muerte.

En el Siglo IV hubo un hábil emperador que decidió legalizar la Iglesia con objeto de convertirla en un aparato de poder del estado que cumpliera la función de mantener el control sobre los bautizados. Se ha calculado que, en aquel momento de la historia, los cristianos eran más de ocho millones de súbditos del imperio y estaban repartidos por todas sus provincias.

El hábil emperador había resultado victorioso en la guerra civil que lo había enfrentado al otro candidato a la jefatura del estado. Después de su victoria en la batalla decisiva explicó que había contemplado una cruz en el cielo junto con una frase que decía: “Con este signo vencerás”.

Es posible que el emperador se inventara esta visión con objeto de convertirse en el líder de la Iglesia legalizada aunque él no fuera cristiano. No debe excluirse la hipótesis de que la visión fuera real, proviniera del lado de la oscuridad de la energía y tuviera el propósito de convertir la cruz en un signo que permitía conquistar el poder nada menos que por medio de una guerra civil.

El emperador convocó un concilio que aprobó una doctrina unificada lo cual inició la lógica de los dogmas y las herejías. Esta lógica espantosa está en las antípodas del magisterio de Jesucristo que se sustenta en el concepto de la piedra de contradicción en la que algunos tropiezan, pero otros consiguen superarla por el hecho de que han dado un salto en el proceso de evolución de la consciencia.

Las escuelas sagradas coinciden en señalar que la experiencia de la fe sólo puede germinar en un marco de pluralidad. Cuando se sustituye ésta por la doctrina sucede que la experiencia de la fe, que forma parte del ámbito de la mente despierta, se debilita y queda sustituida por el acatamiento a la creencia obligada que unifica la comunidad y forma parte del ámbito de la mente dormida.

En los inicios del Siglo XXI sucede que la comunidad de discípulos que fundó Jesucristo se ha dividido en más de mil iglesias si sólo se cuentan las que tienen una cierta consistencia. La más importante de estas iglesias es la que tiene la cabeza en Roma y a mí me resulta más cercana, que cualquier otra, por el hecho de haberme formado en un colegio de las Escuelas Pías.

La Iglesia Católica posee un lado luminoso muy potente. El legado de José de Calasanz que logró poner en marcha el concepto de la escuela pública y gratuita en los inicios del Siglo XVII, forma parte de este lado luminoso al igual que las órdenes de las monjas de la caridad.

De acuerdo con la Ley Cósmica de la Correspondencia una organización humana que posee un lado luminoso de gran potencia no tiene más remedio que acarrear un lado oscuro de potencia equivalente.

La expresión más clara del lado oscuro de la Iglesia Católica puede contemplarse en el Estado y la Curia del Vaticano y demás organismos que permanecen atados a esta estructura inmovilista que tiene como signos de identidad los manejos más oscuros que pueden imaginarse en el ámbito financiero y la lucha despiadada por el poder entre fracciones de clérigos dotados de gran ambición. Este espectáculo, que está en las antípodas del magisterio de Jesucristo, hace mal a la vista a cualquier discípulo del maestro que haya empezado a despertar del estado del sueño psíquico.

Es probable que la Iglesia Católica esté a las puertas de una crisis que no tenga precedentes. Esto sucederá porque, en un mundo presidido por Internet, será imposible mantener ocultos los temas espantosos que hay detrás de los depósitos, de muchos ceros, que el Banco Vaticano convierte en capital inmobiliario y los que tienen que ver con el encubrimiento de las redes de clérigos pederastas que existen en todos los países.

De acuerdo con la Ley Cósmica de la Correspondencia la crisis que podrá padecer la Iglesia de Roma, por causa de su lado oscuro, irá acompañada de experiencias novedosas que tendrán que ver con su lado luminoso y serán igual de potentes. Estas experiencias podrán ser protagonizadas por católicos ó por evangélicos, anglicanos u ortodoxos ya que estas distinciones, que tienen un origen más político que religioso, no afectan a la Iglesia de Jesucristo que es una sola.

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